
Me resulta raro verlo así.
Cada vez que no me veo,
(o estoy dentro de él),
la percepción de la realidad cambia.
Me gusta observarlo desde afuera, pensar de afuera cada pensamiento que tiene, reírme de sus actitudes cuando está solo; o cuando está acompañado. Pocas veces me siento dentro del cuerpo de él, y es una sensación totalitaria; ese sueño de la mente que nos une a mi de él, de que todo sea uno, de que haya un "absoluto", de que se comparta la naturaleza y no se intente crear otra superflua construcción "natural" sobre la Madre Naturaleza. Quizás pueda describirlo como felicidad, cada vez que no tengo que observarlo desde afuera no siento los vientos frescos de la otra dimensión, ni los sonidos de los cuervos gritando al llegar el atardecer. No tengo que preocuparme como si lo estuviese analizandolo y observar como se retuerce de tristeza en un diván, o simplemente en una calle.
Sé que no tengo que escaparme de él, sé que a pesar del tiempo todo parece normal... Los mismos colores, los mismos llantos, las mismas impotencias, y a raíz de eso todas las cicatrices; las que descansan y se pudren en el alma, y las que son tan fuertes que se canalizan a través del alma en lo tangible; en la carne.
La pregunta sería como hacer para no escaparme... Soy adicto a ver que pasa si lo desalmo, y la mayoría del tiempo lo hago... Me encanta verlo sufrir porque no me encuentra, porque me busca; a través de la música, de lo que escribe, de los gritos, de los llantos, de rezos inentendibles. A veces pienso que se va a rendir; y me asusta tener que divagar hasta encontrar un nuevo huésped. Pienso que puede llegar a levantar la bandera blanca en símbolo de luz, esa que pocas veces lo alumbra y lo hace viajar a despoblados lugares de paisaje perfecto, en un infinito que está pintado en un cuadro melancólico. Y percibo su voluntad; aunque agonize en una camilla y esté en la línea justa entre vida y muerte, sigue siendo una esperanza.
Firmado: Algún alma inquieta.